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¿Amenazaron los Zetas con matar a un sacerdote que ayuda a los migrantes pobres?

Migrantes hondureños: Cerca del 60 por ciento de los que llegan al refugio del Padre Solalinde en Oaxaca son hondureños. En Tegucigalpa, Honduras, la hermana Valdete Willemann, directora del Centro de atención al migrante retornado (CAMR), recibe cientos de deportados hondureños todas las semanas, inmediatamente después de que desembarcan de los aviones. [Foto: CAMR]

Migrantes hondureños: Cerca del 60 por ciento de los que llegan al refugio del Padre Solalinde en Oaxaca son hondureños. En Tegucigalpa, Honduras, la hermana Valdete Willemann, directora del Centro de atención al migrante retornado (CAMR), recibe cientos de deportados hondureños todas las semanas, inmediatamente después de que desembarcan de los aviones. [Foto: CAMR]

Para el Padre Alejandro Solalinde, los cansados migrantes que pasan por Ixtepec son hijos de Dios.

Les ofrece agua, un plato caliente de comida, ungüento para sus heridas y un refugio, llamado “Hermanos en el camino”, donde pueden dormir en paz.

Para los Zetas, los migrantes, la mayoría de los cuales proceden de centro y Sudamérica, son una propiedad y una presa. Los operativos de la delincuencia organizada tienen por objeto secuestrar migrantes para tráfico de personas, extorsión, trabajos forzados y abuso sexual. Desde su perspectiva, Solalinde estaba interfiriendo con su empresa criminal.

Los Zetas han externado que están dispuestos a matar al clérigo. Según las autoridades, en enero, sicarios de la organización delictiva internacional asesinaron al Padre Genaro Aviña García en Atizapán y a Neftalí Leiva Alva, un pastor evangélico de Guatemala, quien fue abatido a tiros en Nenton, Guatemala, al sur de la frontera con México.

Amenazas de muerte han obligado al Buen Samaritano a salir del país

Así que, cuando recibió cinco diferentes amenazas de muerte en primavera, Solalinde las tomó muy en serio. El 16 de mayo dejó el país por su propia protección.

“No había querido decir nada”, señaló Solalinde. “Las dos últimas amenazas se produjeron con menos de 15 días de diferencia”. Y agregó: las amenazas de muerte ocurrieron en un lapso de seis semanas.

“Si, me impactaron, pero, insisto, no por el temor; me dolieron porque finalmente, todas las amenazas apuntan a dejar desprotegidos a los migrantes”, dijo Solalinde. “Ellos quieren cerrar la casa. En la cuarta amenaza, no sólo dicen que me van a matar, sino que le van a dar comida envenenada a los migrantes, y eso me duele mucho”.

Antes de salir de México, Solalinde les dijo a los reporteros que era su deber proteger a los migrantes.

“Nosotros, como organización no perseguimos a los narcotraficantes, que quede bien claro, esa no es mi misión”, declaró a la prensa antes de su partida. “No soy policía, ni un miembro de la Agencia de control de drogas; eso lo hacen ellos. Soy un pastor, pero tengo que decirlo, si los delincuentes organizados - ya sean funcionarios públicos, miembros de la policía, de las corporaciones, o de lo que sea se meten con los migrantes, tenemos que intervenir. No nos vamos a callar”.

La última amenaza de muerte fue especialmente descarada, dijo el sacerdote.

Un grupo de sacerdotes vino al refugio para ayudar.

“Los voluntarios fueron testigos de todo. Frente a ellos, un grupo de hombres me gritó: ‘Vamos a regresar, y te vamos a matar’”, señaló Solalinde durante una entrevista radiofónica en “Nuestra gente”, un programa diario de radiodifusión de la comunidad en California y Baja California en una estación de AM.

¿Los políticos trataron de dañar al sacerdote?

La frecuencia de las amenazas aumentó esta primavera.

Pero, dijo Solalinde, dichas amenazas no son nada nuevo. Desde que abrió el refugio en 2007, ha sido objeto de intimidación.

“Desde el principio, sé que los que dan las órdenes de matarme no están abajo, sino arriba”, declaró el sacerdote en la entrevista de radio. Periódicamente, dijo Solalinde, como parte de mi ministerio, visité a tres sicarios en prisión.

Los tres sicarios trabajaban para el cártel de Sinaloa antes de ser capturados. Uno de ellos dijo que le habían preguntado si mataría a Solalinde por un precio. Los capos del crimen organizado les indicaron que no lo hicieran, que no querían la sangre de un sacerdote en sus manos, señaló Solalinde.

Y agregó: “Todos mencionaron que los que los trataron de contratar eran políticos, uno les ofreció cinco millones de pesos por mi cabeza”.

En otra ocasión, la amenaza fue transmitida por una mujer que trabajaba en el refugio, dijo el sacerdote.

La mujer fue secuestrada brevemente por sicarios de los Zetas que le dijeron: “Mira, dile a tu curita que ni se meta con nuestra mercancía; no le vamos a hacer nada por el momento, pero que quede claro que deje de interferir con los migrantes, porque ellos son nuestra mercancía”, narró Solalinde.

Los Zetas explotan a los migrantes pobres

El refugio está ubicado en una región pobre. Oaxaca tiene una de las mayores tasas de desempleo y de analfabetismo del país.

Debido a su ubicación cerca de las costas del Pacífico y de las rutas de narcotráfico, los grupos de delincuencia organizada han establecido sus tiendas en Oaxaca. En especial, los Zetas explotan a los migrantes vulnerables.

“Así que, no soy sólo yo; existen cientos de defensores de los derechos humanos en México que, a decir verdad, son un obstáculo para sus negocios”, dijo Solalinde. “Por eso se enojan”.

Engañado por sicarios de la delincuencia organizada

Un suceso doloroso fue el que inspiró a Solalinde a abrir el refugio.

Hace algunos años, un joven y su esposa embarazada me pidieron ayuda. Un grupo de hombres se ofreció a ayudar a la pareja por un precio. Dijeron que les brindarían un lugar seguro para pasar la noche, recuerda Solalinde.

“Así que les dije, tengo un billete de 200 pesos. Se los doy”, le dijo el sacerdote, “Cuando llegué el día siguiente a buscarlos, se habían ido. El tren no había llegado. ¿Cómo se habían ido entonces?”. “Después me enteré que eran secuestradores”, narra el sacerdote. “Yo se los había entregado, y además les había pagado para que los capturaran. Por eso abrí el refugio”.

El refugio de Solalinde les ha abierto las puertas a cientos de migrantes cada mes. Cuando las literas no son suficientes, cualquier pedazo de cartón sirve, mientras están dentro del complejo de 18,000 metros cuadrados.

La mayoría de sus huéspedes vienen de Honduras.

Elegido para esta misión

La Hermana Valdete Willemann, que dirige el Centro de atención al migrante retornado en Tegucigalpa, Honduras, conoció a Solalinde hace dos años en Ixtepec. Más tarde ella le dio la bienvenida a la nación centroamericana.

“Dios lo ha elegido para esta misión,” dijo Willemann.

Solalinde se retiró a Chicago, desde donde promete regresar.

“El 3 de julio regresaré al refugio donde pertenezco”, dijo, “Allí es dónde mi ministerio me llama. Y regresaré, independientemente de si ha habido algún cambio en mis condiciones de seguridad para poder hacer lo que creo que Jesús me pide que haga.”

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