El concepto tradicional de pandillas ha cambiado. Ya no son grupos que pelean por identidad, cultura o territorio. Ya no se limitan a las esquinas del barrio; ahora, sus operaciones tienen otras dimensiones: son dictadas con base en sus fuertes vínculos con organizaciones del narcotráfico. Trafican con drogas, armas y

Pandillas y Cárteles: Alianza Crminal

Volumen 2, No. 4 2009
A menudo miembros de pandillas utilizan tatuajes para identificarse. EPT se  refiere a las iniciales de El Paso, Texas, donde se originó la pandilla Barrio  Azteca.

A menudo miembros de pandillas utilizan tatuajes para identificarse. EPT se refiere a las iniciales de El Paso, Texas, donde se originó la pandilla Barrio Azteca.

El concepto tradicional de pandillas ha cambiado. Ya no son grupos que pelean por identidad, cultura o territorio. Ya no se limitan a las esquinas del barrio; ahora, sus operaciones tienen otras dimensiones: son dictadas con base en sus fuertes vínculos con organizaciones del narcotráfico. Trafican con drogas, armas y personas; golpean y asesinan a sus adversarios o a quienes se interpongan en su camino. No los detiene ni la misma cárcel.

Desde sus celdas en prisiones federales y estatales, pandillas como Barrio Azteca, con jerarquía y estructura tipo militar, se organizan internamente y tejen sus redes para mantener el control y extender sus dominios criminales en las calles de ciudades fronterizas, como El Paso, Texas y Ciudad Juárez, Chihuahua.

La más reciente evidencia de los nexos entre Barrio Azteca y el tráfico organizado salió a la luz pública a finales del 2008 en El Paso, cuando se inició un juicio en contra de cinco integrantes de esta pandilla. Carlos Perea, Manuel Cardoza, Benjamín Álvarez, Eugene Mona y Francisco Herrera, todos ocupantes de cargos de alta jerarquía en Barrio Azteca, fueron sentenciados a cadena perpetua en abril del 2009.

Los cinco cabecillas recibieron la sentencia bajo cargos de participación en actos mafiosos de organizaciones corruptas y operaciones de negocios ilegales. Álvarez, Cardoza y Perea también resultaron culpables por conspiración, posesión de cocaína, heroína y marihuana, con la intención de distribuirlas.

Arturo Enríquez, quien ha sido señalado como integrante de Barrio Azteca, aunque no ocupó un cargo de liderazgo, fue sentenciado a 15 años de cárcel bajo cargos de extorción con violencia.

Durante el juicio, Johnny “Conejo” Michelletti, informante del Buró Federal de Investigación (FBI) y ex integrante de la pandilla, testificó sobre las conexiones de la pandilla con cárteles de la droga.

Michelletti señaló en la corte el vínculo entre Barrio Azteca y “La Línea”, considerada por autoridades policiacas como una célula del Cártel de Juárez, comandado por Vicente Carrillo Fuentes.

El informante aseguró que el dinero que la pandilla obtenía en las calles, producto de la extorsión y cuotas impuestas a los distribuidores callejeros de droga, era reportado a “los jefes en Juárez”.

Autoridades judiciales también señalaron la relación de grupos delictivos como Barrio Azteca con el narcotráfico. De acuerdo con un artículo publicado por El Paso Times, la jefa de la Oficina del Fiscal Federal de los EE. UU. en El Paso, Margaret Leachman dijo que Barrio Azteca ayudó al Cártel de Juárez en el tráfico de drogas a Estados Unidos a cambio de narcóticos a bajo precio.

Por su parte, David Cuthbertson, agente especial del FBI en El Paso, señaló que “estas pandillas son impulsadas con el dinero generado por la venta de narcóticos”.

Phil Jordan, ex director del Centro de Inteligencia en El Paso y de la Administración Antidrogas de EE. UU. en Dallas, Texas, también se refirió al vínculo delictivo: “Hay células de pandillas que están conectadas seriamente con traficantes poderosos de México y que subsisten con el dinero de éstos”.

De acuerdo a un reporte de EFE, el ex funcionario y asesor en materia de narcotráfico sostuvo que “el ejemplo más grande de la colaboración a nivel fronterizo son las pandillas de San Diego, California, que trabajan directamente para la organización de Arellano Félix [el Cártel de Tijuana]”, pero también comentó que pandillas en Texas y Arizona tampoco podrían existir sin la mercancía y los contactos de los cárteles mexicanos y colombianos.

VÍNCULOS DE CORRUPCIÓN

Organizaciones dedicadas a analizar el comportamiento de las pandillas y sus cambios en los últimos 10 años detallan la intensidad de la interrelación de las pandillas y el crimen organizado.

De acuerdo con la evaluación del 2009 sobre el desarrollo de la droga a nivel nacional realizada por el Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas (NDIC), las pandillas se han involucrado rápidamente en el tráfico de droga, y de haber sido vendedores al por menor pasaron a ser distribuidores a grande escala en conexión con cárteles narcotraficantes.

“Muchas pandillas han expandido su influencia sobre la distribución de drogas al por mayor. Pandillas han desarrollado o fortalecido sus relaciones con organizaciones criminales transnacionales o con organizaciones de tráfico de drogas, ganando acceso a fuentes de abastecimiento internacionales para obtener mayores cargamentos de estupefacientes que luego ellos distribuyen”, reporta el informe.

Asimismo, el reporte del NDIC establece que por lo menos 20 pandillas callejeras, de prisiones y de motociclistas mantienen relaciones de “trabajo” con narcotraficantes afiliados a los cárteles de Sinaloa, Juárez, Tijuana y del Golfo.

“Narcotraficantes mexicanos usan pandillas [de la calle, de prisiones y de motociclistas] para traficar y distribuir drogas, realizar cobros por las drogas y como ejecutores”, detalla el estudio.

El mismo estudio documenta que las pandillas, en general, se han convertido en grupos generadores de dinero con conexiones mundiales y avanzadas capacidades de comunicación, apoyadas en la fuerte relación con grupos del crimen organizado.

El Departamento de Justicia de EE. UU. (DOJ) documentó presuntos enlaces entre cárteles y 10 pandillas en prisión.

De acuerdo a informes de agencias federales, integrantes de Barrio Azteca tienen como fuente principal de ingresos el tráfico de heroína, cocaína y marihuana, de México a Estados Unidos para distribuirla dentro y fuera de centros penitenciarios. Frecuentemente, Barrio Azteca transporta la droga entre ambos países por encargo de las organizaciones de tráfico de drogas.

En un artículo publicado por la agencia de inteligencia Stratfor, Fred Burton, ex jefe de la división anti terrorismo del Departamento de Estado, explica que para ejecutar operaciones de distribución y venta de drogas, los cárteles requieren de presencia física en los Estados Unidos por lo que les resulta beneficiosa la alianza con pandillas.

Miembros de Barrio Azteca también están involucrados en el tráfico de personas, robo, asalto, extorción, intimidación, secuestro y asesinatos, señala el Centro Nacional de Inteligencia de Pandillas (NGIC).

AMASAN DINERO DESDE LA PRISIÓN

Los cárteles de la droga han aprovechado la organización y la influencia que pandillas tras las rejas tienen sobre el resto de su organización fuera de la prisión. Esa conexión permite a las pandillas amasar dinero con la movilización de cantidades al mayoreo de cocaína, heroína, marihuana y metanfetaminas, pero además provee a los cárteles con una capa de protección frente a los organismos ejecutores de la ley.

Estudios del NDIC sobre la evolución de las pandillas, específicamente en prisiones, detallan cómo esos grupos han cambiado, de sus bases de etnicidad y protección en las cárceles, a organizaciones criminales con nexos narcotraficantes como medio para efectuar operaciones en diferentes partes del país, especialmente, en las regiones del Oeste y Suroeste de los EE. UU.

El reporte del NDIC, titulado “Pandillas organizadas y tráfico de drogas”, deja claro que las trasferencias de drogas por parte de las organizaciones criminales mexicanas llegan a manos de las pandillas en la calle por la intermediación de pandillas en prisión.

La posición de “brokers” (agentes) ha hecho que pandillas en prisión aumenten su dominio sobre las pandillas en la calle, de los dos lados de la frontera, mediante el cobro de “tarifas” o impuestos sobre la droga que distribuyen. Se han convertido en administradores de estupefacientes, concluye el estudio.

En el 2006, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional presentó la situación de las pandillas en su estudio Pandillas de México y Centroamérica, en donde retrata la interrelación entre el crimen organizado y las pandillas. “A lo largo de la frontera de Texas, ha sido mencionado que ‘Los Aztecas’ y ‘Los Mexicles’ —ambas con base en Estados Unidos— trabajan como sicarios y distribuidores de droga para los cárteles de Juárez y del Golfo”, indica el reporte.

Contrario a lo que piensan varias comunidades, cuando un miembro de una pandilla es encarcelado la amenaza no desaparece, por el contrario, los pandilleros tras las rejas utilizan el ambiente de la prisión para reclutar a nuevos miembros y perpetrar sus empresas criminales, señala la evaluación del 2005 de la Alianza Nacional de Asociaciones de Investigaciones de Pandillas (NAGIA).

Para ejemplificar lo anterior, NAGIA menciona al líder de la pandilla Gangster Disciples, Larry Hoover, quien fue sentenciado por operar desde una prisión en Illinois un “negocio” de droga de $100 millones al año, a lo largo de 35 estados.

De acuerdo a estadísticas oficiales, hasta mayo del 2008, aproximadamente 123,000 miembros documentados, de pandillas callejeras o de prisiones, estaban encarcelados en correccionales estatales. En cuanto a los encarcelados en prisiones federales, hasta agosto del 2008, un total de 24,163 de los 201,000 reclusos fueron identificados como individuos afiliados a grupos de amenaza a la seguridad, entre los cuales se incluyen las pandillas.

ENLACES E INFORMANTES

Catalogada por el NGIC como una de las pandillas más violentas en prisiones de Estados Unidos, Barrio Azteca ha llegado a desarrollar relaciones con agentes externos para mantener un lazo de comunicación con sus redes en la calle.

En marzo, Sandy Valles New, de 58 años y quien trabajaba en la Oficina del Defensor Público en El Paso, Texas, fue sentenciada a 63 meses de prisión por su papel de informante de Barrio Azteca.

Valles New actuaba como “puente” de información entre líderes de la pandilla en prisión y en las calles de El Paso y Juárez. Valles New llevaba mensajes codificados en cartas, reportó El Paso Times.

Fiscales federales presentaron grabaciones de conversaciones telefónicas entre líderes de Barrio Azteca en prisión y Valles New, quien trabajó como asistente legal en la oficina federal de defensores de oficio de 1996 a 2002.

Pero de igual manera, que Barrio Azteca consigue ayudantes para llevar y traer información de la prisión a la calle y viceversa, la FBI infiltró a la pandilla desde el 2005 y obtuvieron información de pandilleros como Johnny Michelleti y Edward Ruiz “El Cartero”.

MATANZA A SANGRE FRÍA

La pugna por el poder y el dinero entre Barrio Azteca, ligada al cártel de Juárez, y su antagónica Mexicles, relacionada con el cártel del Golfo, ha llevado a encarnizadas batallas tras las rejas, con saldos de más de 21 muertos.

El 4 de marzo, reclusos pertenecientes a la banda protagonizaron la más cruenta matanza en el centro penitenciario de Ciudad Juárez, en México y terminaron con la vida de 21 pandilleros antagónicos.

El Paso Times reportó que con lista de sus víctimas en mano, Los Aztecas, la extensión de Barrio Azteca en la cárcel de Ciudad Juárez, perpetraron una ejecución masiva en un claro ataque selectivo contra internos afiliados a las bandas rivales Los Mexicles y Los Artistas Asesinos, identificados con el cártel de Tijuana.

“Consiguieron las llaves de su módulo por la fuerza y a las seis de la mañana, irrumpieron abruptamente en la zona de sus contrincantes pandilleros, aún dormidos, y así inició más sanguinaria aniquilación, detallan los medios de comunicación. Pero también quedó claro que sólo tocaron a los pandilleros en disputa; a nadie más”, detallan reportes de prensa.

La saña fue el común denominador en los hechos criminales. Unos murieron apuñalados, otros fueron lanzados desde el tercer piso del centro penitenciario, y otros más, golpeados y pateados en la cabeza hasta la muerte; hubo dos decapitados.

Cuando acabó la reyerta, Los Aztecas entregaron sus armas a los custodios y se retiraron a sus dormitorios. Estaban cumpliendo una consigna: “ ‘Terminamos nuestro trabajo’, dijo uno de los líderes de Los Aztecas”, narra una nota periodística de El Paso Times.

La ferocidad y atrocidad con que actúan las pandillas tras las rejas, el “ajuste de cuentas” para conseguir sus propósitos y el papel que juegan en la transportación y distribución de drogas representan una preocupante mezcla catalogada por el DOJ como una amenaza a nivel nacional.

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